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miércoles, 30 de septiembre de 2009
domingo, 15 de marzo de 2009
Reflexión final sobre las lecturas

La última y... nos vemos
Juan Carlos Rangel Cárdenas
1) DAYAN, Daniel, Comp., En Busca del Público, Barcelona, Gedisa, 1997, pp. 335-370.Control de lectura 1.
2) Capítulo 2, en Televisión y audiencias. Un enfoque cualitativo, Madrid, Ediciones de la Torre-UIA, Proyecto Quirón, 1996, pp. 31-47. Control de lectura 2.
3) Capítulo 2, en Televisión, audiencias y educación, Bogotá, Editorial Norma, 2001, pp. 39-62. Control de lectura 2.
4) En Aparici, Roberto (coord.), Comunicación educativa en la sociedad de la información, Comunicación y educación, 5, Madrid, UNED, 2003,
5) En La galaxia Internet, Barcelona, Random House-Mondadori, pp. 57-89. DeBolsillo.
Bien sabemos que no se aprende de una vez y para siempre. Los aprendizajes sólidos y de largo alcance son aquellos que están vinculados a la práctica cotidiana, o son aquellos que nos vienen de lecturas que condensan interpretaciones, y nos marcan espiritualmente, y a las cuales habremos de volver una y otra vez. En este sentido me gustaría reflexionar sobre aquellas lecturas que me han parecido fundamentales en este módulo.
En primer lugar, el texto de Klaus B. Jensen y Karl E. Rosengren, “Cinco tradiciones en busca del público”,(1) en el que hacen un resumen del surgimiento de las teorías empiristas de la comunicación de masas, particularmente en Europa y los Estados Unidos. Para Jensen y Rosengren estos estudios aglutinan cinco grandes tradiciones en las investigaciones sobre la recepción, los usos y los efectos de los medios de masas, a saber: las investigaciones sobre los efectos, sobre los usos y gratificaciones, el análisis literario, el enfoque culturalista y el análisis de la recepción.
En esta lectura ya se anunciaban dos de los aspectos a los que se haría referencia a lo largo del módulo: la articulación entre los medios de comunicación y los individuos, y de manera particular entre la televisión y las audiencias. Las preguntas claves que plantean los autores son: ¿Qué impacto tienen los medios sobre el individuo?, referida a la investigación sobre los efectos, y ¿qué hace el individuo con los medios?, en relación con los usos y gratificaciones. La teoría del análisis literario, una de las prácticas más añejas en Occidente para la exégesis de textos, ha sido redefinida en la actualidad y pueden distinguirse tres concepciones de la audiencia: 1) la estética de la recepción (en particular la escuela alemana), 2) la interacción entre el texto y el lector (reader-response theory), y 3) los estudios empíricos sobre la recepción de la literatura (cuyos ejemplos más notables son las revistas Poetics y SPIEL).
El enfoque culturalista que parte de la sociología y las investigaciones sobre el texto, analiza las comunicaciones de masa como un aspecto de las prácticas cotidianas, entendidas como “actividades sociales significantes”. Las fuentes de este enfoque incluyen a clásicos de la sociología (Durkheim, Marx y Weber, Adorno y Horkheimer, etc.) y de las teorías psicoanalíticas francesas (Lacan y seguidores). A partir de dichos estudios la cultura es redefinida como un proceso de construcción de significado y es reevaluada la cultura popular.
Por último, para Jensen y Rosengren los estudios de recepción reagrupan varias formas de investigación cualitativa con la integración de las perspectivas sociológica y literaria, que constituyen el desarrollo más reciente de los estudios sobre la audiencia. Cabe señalar que los estudios de recepción han puesto en tela de juicio las investigaciones empíricas en ciencias sociales y pueden considerarse como un estudio de los públicos como agentes activos de producción de sentido, capaces de someter a los medios a ciertas formas de consumo, decodificación y de usos sociales.
Aquí es donde iniciamos las lecturas del Dr. Guillermo Orozco (sesiones 3 y 5). Cabe señalar que dichas lecturas no se hicieron en un orden cronológico, sino, en todo caso, temático, pues respondían al desarrollo y la estructura, por él propuesto, del módulo de Comunicación.
En la primera lectura, “La audiencia frente a la televisión y la televisión frente a la audiencia”,(2) la pregunta central que hace Orozco es ¿Cómo se realiza la interacción entre la TV y audiencia?, en la que el aspecto central nos remite a la interacción entendida como un proceso: es lo que él llama el “Enfoque Integral de la Audiencia”. Este enfoque, que recoge aspectos de modelos anteriores, pero también de las corrientes teóricas como la de los “Estudios Culturales”, y la del “Análisis de Textos”, está identificado con el “paradigma crítico de la investigación” que aborda de manera integral el “largo, complejo y muchas veces contradictorio proceso de ver TV” en el terreno de las múltiples mediaciones: que designa como televidencia.
En el texto “Televidencias y mediaciones”,(3) Orozco nos introduce en dos conceptos que viene desarrollando y precisando en sus investigaciones. En este capítulo aborda los “juegos” de mediación (ver Martín-Barbero, De los medios a las mediaciones, 1987) que tienen lugar en la televidencia. Las categorías que el autor expone son las Micro y las Macromediaciones. La primera, se refiere al un conjunto de mediaciones del ámbito individual que pueden conformar “comunidades de apropiación e interpretación” de los referentes televisivos. Estas mediaciones las divide en “Televidencias del primer orden” –televidencia directa y primaria de las audiencias–, y “Televidencias del segundo orden” –aquellas que tienen lugar más allá del televisor.
Las Macromediaciones ocurren en escenarios indirectos y tienen que ver con la identidad y con la percepción de los sujetos-audiencia. Otro tipo de macromediaciones son las de carácter institucional –la TV como una institución social–,y algo similar acontece con movimientos sociales, grupos étnicos, ambientalistas, organizaciones políticas, religiosas o ideológicas, que en tanto “institucionalidades” son fuentes de mediación para ciertos segmentos de audiencias.
Las Micro y Macromediaciones forman parte del largo y complicado proceso mediático-comunicacional que tiene su origen en la televidencia. Estos juegos de mediación permiten apreciar el “desde dónde” los sujetos-audiencia le otorgan sentido a los referentes televisivos. Lo mismo los niños que los adultos, los hombres que las mujeres, personas de una u otra clase, en esta larga cadena de mediaciones.
Pasemos ahora a dos lecturas de la sesión 5 (control de lectura 4). La primera es también del Dr. Orozco y lleva por título “Desordenamientos educativos en el ecosistema comunicacional”.(4) En este punto estamos ya en el terreno de la escuela, la comunicación, la enseñanza, el aprendizaje, etc., que tendrá continuidad en las sesiones y las lecturas siguientes. El autor plantea que “estamos viviendo en una sociedad de la educación”. El cambio reside en que hemos pasado de una sociedad con sistema educativo a una “sociedad educativa”.
Uno de los aspectos que he aprendido durante el módulo es que la escuela ha dejado de ser la institución educativa por excelencia, pues hoy día la educación encuentra un mayor sustento en las relaciones sociales mismas. El aspecto central de este proceso reside ahora en el aprendizaje, o como dice Orozco, en la “posibilidad tecnológica de aprendizaje”, lo que no quiere decir que los problemas y atrasos educativos se resolverán de manera automática. También es cierto que existen posiciones que quieren sobredimensionar el papel de la tecnología como el elemento que podrá resolver los rezagos, las carencias y los costos de la educación.
Lo cierto es que puede vislumbrarse una manera distinta de enfocar el proceso de enseñanza aprendizaje. Orozco señala que en la sociedad educativa “lo esencial no es lo que se puede enseñar, sino lo que se pueda aprender”. Este cambio en los paradigmas educativos trae consigo una diferencia fundamental: se está transitando de un modelo centrado en la imitación, la repetición y la memorización propio de la escuela tradicional, a modelos enfocados en la experimentación, el descubrimiento y la innovación, orientados hacia una sociedad del conocimiento.
Para terminar el autor acepta la posibilidad de una refundación de lo educativo. Ya no se puede seguir hablando de una alfabetización integral sino de diferentes alfabetizaciones “para poder comunicarse e interaccionar a lo largo y ancho de múltiples lenguajes sobre los que se da de hecho la actual circulación del conocimiento”.
La segunda lectura de esta sesión 5 que en verdad me ha parecido apasionante es el texto “La cultura de Internet”, de Manuel Castells.(5) Para la gran mayoría de los usuarios de Internet, entre los que me incluyo, es poco conocida la fascinante historia que se ha construido en tan poco tiempo (apenas medio siglo). En ese escenario que se perfila en el horizonte convivirán los medios analógicos (prensa, radio y televisión) y los nuevos medios en red. Los primeros ya han comenzado a redefinir su papel aprovechando aquellas tecnologías que caracterizan el soporte, aunque ahora tienen en cuenta las claves de la nueva galaxia de comunicación. Y los nuevos medios, después de una fase de crecimiento en la que imitaron las características de la prensa, buscan construir modelos con renovados lenguajes y con modalidades expresivas para una sociedad que tiene la mirada puesta en la red.
Dice Castells que la “cultura de Internet es la cultura de los creadores de Internet”. Y esta cultura se caracteriza por una estructura de cuatro estratos superpuestos: “la cultura tecnomeritocrática, la cultura hacker, la cultura comunitaria virtual y la cultura emprendedora”. Cada una tiene vínculos con las otras de tal suerte que no podría existir una sin las otras. En el principio está la cultura tecnomeritocrática, de élite, que conformaron personajes como Ken Thompson (experto en sistemas), Denis Ritchie (inventor del lenguaje “C”), Bill Joy (co-fundador de Sun Microsystems), Chuck Halley, que estaban ligados a las principales universidades estadounidenses y a los centros de investigación y laboratorios de Berkeley, Harvard, MIT, Bell, NCR, CSRG, y otros, fueron quienes diseñaron los primeros protocolos para la conexión en red, y hoy son prominentes empresarios. Como contraparte de estos pioneros están personajes como Richard M. Stallman (tal vez el primer hacker), que dio origen a la Free Software Foundation, con el objetivo político de oponerse a la apropiación privada de la inteligencia informática (el software) por parte de las empresas del sector.
Tras el primer grupo, vienen los hackers (tan desprestigiados en los medios, pues se les trata como a una banda de criminales), cuyo papel ha sido central y definitivo en la construcción de Internet: por una parte son los innovadores de la nueva tecnología gracias al trabajo colaborativo y a la libre comunicación, y por la otra, la cultura hacker ha sido fundamental para conectar los conocimientos de la tecnomeritocracia con los proyectos empresariales que han colocado a Internet como punta de lanza en la sociedad. Para Eric Raymond, icono de esta cultura, “existe una comunidad, una cultura compartida de programadores expertos y magos de las redes que se remonta algunas décadas hasta los primeros miniordenadores a tiempo compartido de los primeros experimentos de ARPANET”.
Algunos de estos muchachos, en ese entonces, estaban ligados a los movimientos contraculturales y grupos de rock, como John Perry Barlow, libretista de la banda The Grateful Dead de San Francisco, ciudad emblemática del oeste norteamericano en la lucha por las libertades ciudadanas. ¿Alguien recuerda la famosa librería City Lights, cuartel del movimiento Beat? Mitch Kapor, junto con Barlow, fue protagonista de las movilizaciones que consiguieron la derrota en los tribunales de la Ley de Decencia en las Comunicaciones, en 1995. Kapor, programador brillante e inventor de Lotus, es también maestro de meditación y líder en la corriente espiritualista. Castells se refiere a otros tantos hackers que se reconocen a sí mismos en los personajes ciberpunk de la literatura de ciencia ficción, y tienen sus héroes en filmes como Blade Runner, Star Wars, Matrix.
Hoy que se habla tanto de las comunidades virtuales, debemos recordar que en los años ochenta la nueva camada de jóvenes que egresaba de las universidades fueron los primeros navegantes del ciberespacio y quienes desarrollaron y difundieron diversas formas y usos de la red. Fue precisamente en San Francisco en donde se formaron estas primeras comunidades, una de las más famosas es la Kinky Computer, de contenido sexual, que no ha dejado de prosperar desde entonces. Y qué decir del Institute for Global Communications (IGC) que subieron a la red informática de mujeres (La Neta) el portal del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, para atraer la solidaridad internacional hacia el movimiento indígena mexicano.
Se ha terminado, de manera momentánea, el espacio. Dejo fuera otras lecturas que son igualmente enriquecedoras para quienes tenemos la formación de comunicólogos, somos docentes, o simplemente tenemos interés en estos temas que están cambiando la perspectiva de los acontecimientos que se avecinan en el campo de la comunicación, la tecnología, la educación, el arte, los lenguajes, y un largo etcétera. Como señalé al principio, hay lecturas a las que habré de regresar hasta aprehender los conocimientos que harán más rica y atrayente mi labor como docente e investigador. Ese es el propósito de los estudios de posgrado. Docentes mejor preparados, más críticos de la realidad circundante, pero también más propositivos. Yo cierro este trabajo expresando a todos: directivos, coordinadores, tutores, técnicos y compañeros de los módulos de la maestría, mi sentimiento de gratitud.
Juan Carlos Rangel Cárdenas
1) DAYAN, Daniel, Comp., En Busca del Público, Barcelona, Gedisa, 1997, pp. 335-370.Control de lectura 1.
2) Capítulo 2, en Televisión y audiencias. Un enfoque cualitativo, Madrid, Ediciones de la Torre-UIA, Proyecto Quirón, 1996, pp. 31-47. Control de lectura 2.
3) Capítulo 2, en Televisión, audiencias y educación, Bogotá, Editorial Norma, 2001, pp. 39-62. Control de lectura 2.
4) En Aparici, Roberto (coord.), Comunicación educativa en la sociedad de la información, Comunicación y educación, 5, Madrid, UNED, 2003,
5) En La galaxia Internet, Barcelona, Random House-Mondadori, pp. 57-89. DeBolsillo.
Control de Lectura 14: Reseñas 1 y 2
REY, Germán, 2003, “Ver desde la Ciudadanía” en Veedurías y Observatorios, Colectivo La Tribu (Coords.), Ediciones La Tribu, pp. 12-21.
Reseña 2
MATA, María Cristina, 2003, “Medios: ¿Desde dónde pensar la acción ciudadana?” en Veedurías y Observatorios, Colectivo La Tribu (Coords.), Ediciones La Tribu, pp. 22-27.
Tiene razón Germán Rey en señalar que cada cierto tiempo aparecen nuevos territorios en las sociedades. Y éstos surgen cuando se han gestado una serie de condiciones, por lo general durante los periodos de crisis. Tal es el caso de los observatorios y las veedurías en América Latina.
Luego de una larga noche de dictaduras de los años 70 a los 90, las sociedades latinoamericanas se recomponían y nuevos actores sociales hacían acto de presencia en distintos ámbitos: países como Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia, Colombia, Venezuela, Perú y México, dejaban atrás regímenes autoritarios, no de manera gratuita, sino como producto de las presiones democratizadoras de distintas fuerzas sociales y populares a lo largo de esas dos décadas. Entre estos organismos ciudadanos están los llamados Observatorios y las Veedurías.
Lo que debe destacarse es el surgimiento de organismos civiles y profesionales que comenzaron a prestar atención a los medios, a la comunicación y al poder, desde el terreno de la ciudadanía. Aquella función de vigilancia que Lasswell señalaba para los medios, ahora se revertía de los ciudadanos hacia los propios medios: es necesario observarlos, verlos, con marcado acento político. Y es que los medios habían venido jugando un papel no sólo de voceros del poder en turno, sino que sus prácticas informativas ya no se correspondían con sus maneras de representar los problemas sociales o por la invisibilidad de temas y actores (en México se representa con la frase de Salinas seguida al pie de la letra por ciertos medios: “ni los veo, ni los oigo”).
Germán Rey señala acertadamente que esta crisis lo es también de “los modelos de construcción de información, del periodismo y de los medios” (p. 14). La prolongada hegemonía de la televisión mexicana (Televisa) había tocado fondo con la muerte del “Tigre” Azcárraga. Con la asunción de Emilio Jr. se dejaba sentir a su interior una transformación desde la cúpula: los Zabludovsky, padre e hijo, eran despedidos y se intentaba dar una nueva imagen a los programas informativos de la empresa. La falta de credibilidad en ellos y la creciente preocupación en sectores cada vez mayores respecto de una nueva ley de medios son algunos de los nuevos signos de la llamada transición (incompleta).
Y esto es algo que con distintas vertientes e historias propias ha sucedido en países como Perú con la dupla Fujimori-Montesinos, y el papel reaccionario de los grupos mediáticos en Venezuela y Colombia. Como dice Rey: “Lo que se está poniendo en cuestión es, además del sobredimensionamiento del rol social de los medios (…) la propia manera de hacer periodismo” (p. 15). La tradición de un periodismo combativo, de investigación, de medios independientes del poder, recobraba su energía y ponía en crisis a los medios de prácticas periodísticas anodinas y sin profundidad. En México está el caso de la Revista Proceso que ha enfrentado con dignidad y con un periodismo de investigación, a los personajes del poder.
El autor hace una síntesis de los conceptos “ver” y “observar” que tienen “una larga tradición en la filosofía, el arte y las ciencias” (p. 15). La primera idea es que lo que realmente se ve es lo que existe. La segunda es que el “observar” es una manera de reconocer las contingencias del “ver”, pues se requieren diversas miradas para captar y comprender los “prismas sociales”. Una tercera idea es que lo que se ve por los observatorios es mucho más de lo que pasa en y por los medios. Por ello una preocupación latente es cómo se pueden articular las acciones y los esfuerzos con proyectos sociales y políticos más amplios. Una cuarta idea es las necesaria conexión que debe haber entre las miradas y la acción (pensemos en el caso bochornoso de Mario Marín-Kamel Nacif-Succar Kuri, en contra de la periodista Lydia Cacho, que está poniendo a prueba a las instituciones de justicia mexicanas). Una quinta idea es que no es tanto “la representación que hacen los medios o sus contenidos sino, sobre todo, los vínculos de los medios con el ejercicio de la ciudadanía” (p. 17).
Germán Rey hace un repaso de observatorios y veedurías constituidas en varios países de América Latina, cuya labor ha tenido repercusiones importantes en cuestiones sociales como los derechos humanos, los problemas que aquejan a los niños y mujeres, los que cuestionan los noticieros y los contenidos de programas de televisión. Y en algunos de ellos podemos ver a organismos de la vertiente liberadora de la iglesia católica, que han jugado un papel muy importante en la defensa de movimientos civiles y actores sociales. Sin embargo no menciona ninguno de México.
En el caso de nuestro país vale la pena citar el “Observatorio y monitoreo ciudadano de medios” (OMCIM) que desde los años noventa y ante “los diversos cambios que ha tenido el escenario político en México, han generado nuevos comportamientos y enfoques que influyen de manera directa en los temas propios de la agenda pública. Actores que tradicionalmente fueron relegados o bien meros instrumentos del poder en turno, adquieren hoy posiciones protagónicas en tanto dejan de ser espectadores pasivos y se convierten en sujetos activos pendientes del comportamiento, por ejemplo, de la función pública” (ver su página en la dirección: http://observatoriodemedios.org.mx/drupal/?q=node/5 ).
En el documento de su proyecto señala que la actividad de monitoreo que realizan los observatorios ciudadanos de medios, tanto a noticiarios como a programas de entretenimiento o de cualquier otro tipo, adquiere gran importancia, pues contribuye a:
- “Evaluar del desempeño de los gabinetes de comunicación.
- Evaluar las campañas políticas y publicitarias.
- Detectar los temas que se colocan en la agenda mediática.
- Evaluar del trabajo periodístico.
- Evaluar el desempeño de los actores políticos y sociales ante los medios.
- Calificar el comportamiento de los medios de comunicación” (Ídem.).
La pregunta que nos podemos hacer es: ¿cómo coadyuvar al surgimiento de observatorios y veedurías desde y en las universidades?, pues la mejor manera de formar estudiantes críticos y futuros ciudadanos atentos al desempeño de los medios, es haciéndolos partícipes y desarrollando en ellos la mirada y la observación.
Reseña 2
MATA, María Cristina, 2003, “Medios: ¿Desde dónde pensar la acción ciudadana?” en Veedurías y Observatorios, Colectivo La Tribu (Coords.), Ediciones La Tribu, pp. 22-27.
A la autora le interesa reflexionar sobre la relación que se establece entre los individuos y los medios masivos, relación que es una percepción de los primeros sobre los segundos y que es también un conjunto de prácticas que recubre la comunicación masiva. Para comprender esta relación la autora se refiere a las “condiciones diferenciadas que los individuos asumimos frente a los medios masivos de comunicación: la de públicos, la de consumidores y la de ciudadanos” (p. 28).
El público, dice la autora, es una entidad colectiva, los conforman grupos que se reconocen como tal en función de ciertos comportamientos, del vínculo estable, y del tipo de sujeto que mantiene una interpelación frente a los medios. Pero es también un sujeto que forma parte de contingentes aún mayores, con los que comparte “códigos, saberes, percepciones, gustos, valoraciones, actitudes que permiten comunicarse con otros, identificarse, distinguirse, acordar, polemizar” (p. 23).
Lo que para la autora distingue la categoría de “público” del concepto “consumidor” de medios, es que éste último no guarda una relación de carácter estable con ciertos programas. Para el público la relación implica: “adhesiones, rechazos, críticas, opiniones consensuadas, gustos, etcétera”. En este sentido, ser público implica una condición desde la cual no sólo se consumen determinados medios, sino que se actúa sobre ellos con determinadas demandas de tipo informativo e incluso de entretenimiento.
El tercer concepto que analiza María Cristina Mata es el de ciudadanía. Para ella este término rebasó desde hace tiempo la mera “titularidad y ejercicio de los derechos civiles y políticos de carácter universal íntimamente relacionados con el sistema de gobierno y la estructura social y económica de una país” (Di Tella et al., 2003). El ciudadano que surge en la última década del siglo XX, es un nuevo sujeto que demanda y propone en diversos ámbitos: desde la cuestión étnica, hasta las categorías de género y las cuestiones de afinidad cultural. Por ello, como apunta la autora, el término de ciudadanía no nos remite únicamente a su estatus jurídico, sino que es una condición “que se adquiere en términos de práctica social, política y cultural” (p. 24).
Es de esta manera como pueden proponerse estrategias para el reconocimiento de derechos de tipo ciudadano frente “al poder representado en y por los medios y deberes colectivos para garantizar esos derechos” (idem.), pero no solamente como individuos en tanto ciudadanos, sino como públicos de esos medios. Pero se deben plantear estrategias que también reconozcan la posibilidad de que ciertas colectividades puedan contar con espacios para su propia expresión, para emitir sus propias lecturas de la realidad que viven y que ven.
María Cristina Mata señala como en investigaciones llevadas a cabo en Argentina que recogen las expectativas del público de programas informativos, puede advertirse que existe un rechazo abierto del manejo tendencioso de la información, de la manera en que los comunicadores tratan de imponer sus opiniones, tergiversar hechos, de manipular la opinión de la gente. Hoy los públicos demandan un mayor equilibrio informativo, datos más precisos sobre la realidad, la investigación, profundización y el seguimiento de los hechos. Y algo similar se pide del trabajo de los periodistas, que no sean simples lectores de noticias, ni amas de casa metidas a la pantalla por su imagen.
Y esto es algo que también puede constatarse en nuestro país. El público que ve los informativos “estelares” de TV-Azteca y/o de Televisa, ya no se deja llevar tan fácilmente por sus líderes de opinión: Javier Alatorre y López Dóriga. Otro tanto sucede en la radio. El caso de Monitor y Gutiérrez Vivó es elocuente, por la manera en que desde el gobierno se le llevó a la quiebra, debido a su trabajo, y en particular por la información que cubrió en el caso de López Obrador.
La pregunta que se hace la autora es que tanto el público, los ciudadanos, en sus relaciones frente a los medios pueden ser capaces de cambiarlos, de influirlos, particularmente cuando su acción se ve frenada por actores políticos que de una manera o de otra representan los intereses de los grandes radiodifusores. Regresando a nuestro país podemos reconocer que la primera batalla por una nueva ley de medios la perdieron los dueños, pero quién puede decir que vayan a perder la guerra. Los intensos cabildeos que tienen lugar en el Congreso crean un ambiente de poco optimismo en los ciudadanos, que ven serias dificultades para llevar a cabo una ley más acorde a las necesidades del país.
Lo cierto es que estamos frente a una encrucijada en la que podemos preguntarnos ¿qué tanto los modos de ser ciudadanos pueden ponernos en relación frente al sistema de medios hegemónico, con la posibilidad real de transformarlos en espacios públicos y ciudadanos?
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