lunes, 24 de marzo de 2008

Liuba María Hevia y Carlos Varela

El video puede bajarse en el sitio que aparece en pantalla

viernes, 25 de enero de 2008

Control de Lectura 5

Crovi Druetta, Delia, 2005, "Educar en la era de las redes. Nuevos medios para enfrentar viejos desafíos", en: Educar en la era de las redes, México, UNAM-FCPyS, (pp. 61-81).

La autora señala que casi al término del siglo XX se dieron a conocer dos documentos por parte de la UNESCO relacionados con la educación: El primero, coordinado por Jacques Delors (La educación encierra un tesoro, 1996) expone los cuatro pilares de la educación del siglo XXI, a saber: aprender a conocer, a hacer, a convivir y a ser. El segundo documento es la “Declaración mundial sobre la educación superior en el siglo XXI: visión y marco de acción prioritaria para el cambio y el desarrollo de la educación superior” (1998).

Respecto del primero, Crovi nos dice que varios de los planteamientos ahí expresados, se reflejaron en los programas educativos de instituciones de América Latina y otros países del mundo.

El segundo documento hace mención de las transformaciones que ha traído consigo la convergencia tecnológica, y que ponen en el centro de los sistemas educativos, de producción, servicios y relaciones sociales, a las redes y los procesos de virtualización, como la base para arribar a la sociedad de la información y el conocimiento. Este proceso es promovido por diversas instituciones de carácter internacional (Banco Mundial, la OCDE, el BID, etc.) que establecen una serie de medidas que deberán implementarse en los países más atrasados, para recibir apoyos financieros de dichos organismos.

En términos generales el documento de la UNESCO señala cuatro ejes para la “nueva educación superior: pertinencia, calidad, administración, financiamiento y cooperación” (p. 65). Se trata, al menos esa es la intención manifiesta, de articular las necesidades de los países y regiones, el mejoramiento de sus instituciones, la cooperación entre éstas y la integración de diferentes sectores que garanticen una educación pertinente y de calidad.

A partir de estos cuatro ejes se despliegan una serie de temas que deben ser analizados a partir de la comunicación educativa. La autora propone cinco ejes que son: “1) La mediatización tecnológica, 2) cambios en los actores del proceso educativo, 3) integración de comunidades virtuales de enseñanza, 4) igualdad y equidad en el acceso, y 5) evaluación de la calidad educativa” (p. 65).

Delia Crovi explica que la influencia de las innovaciones tecnológicas puede analizarse desde dos vertientes: el enfoque crítico, que está haciendo una revisión del concepto de comunicación educativa y que ha hecho aportes fundamentales desde la región latinoamericana, y el enfoque instrumental, que considera que la tecnología es determinante en los procesos educativos, particularmente, en la era de las redes.

La educación apoyada en redes ha traído consigo una nueva visión del profesor. Éste deberá actualizarse y adaptarse al nuevo tipo de educación, pues ahora será evaluado según el manejo que haga de las redes, sus contenidos y la capacidad de enseñar en la virtualidad. Será también un profesor-investigador, actividades que anteriormente se concebían como separadas una de la otra, y apartadas de la realidad institucional y social.

En cuanto a los alumnos, vistos éstos como el centro del proceso de enseñanza aprendizaje, se les pide desenvolverse en una situación de autoaprendizaje y pagar el coste de sus estudios, que se inscribe en la lógica de la privatización de la educación. Como ejemplo podemos ver la explosión de universidades privadas (corporativas, empresariales, etc.) que se han asentado en México, en la última década. Pero también están ahí las universidades públicas que ofrecen una amplia gama de cursos en línea, casi al gusto del cliente, con el propósito de generar recursos.

Si bien la “Declaración mundial sobre educación superior en el siglo XXI” señala la necesidad de lograr un acceso igualitario y equitativo a los sistemas de redes, lo cierto es que los enormes rezagos que hay entre economías desarrolladas y atrasadas, entre países ricos y pobres, hace muy complicado el logro de esos propósitos.

Bruno Olivier (2000) ha puesto un ejemplo impactante: “En el plano internacional la desigualdad tecnológica aumenta cada vez más. Recordemos que mientras California gasta 400 millones de dólares remplazando los computadores de su sistema escolar, en todo el Tchad sólo existen nueve viejos PC. Cuando estos dos países hayan respectivamente doblado, triplicado o centuplicado su material, e incluso si los programas de cooperación centuplican el parque informático tchadiano, la diferencia entre ellos será cada vez mayor”.

La pregunta que podemos hacernos es si las intenciones pueden convertirse en realidades, si los países de las econocías centrales quieren pasar de lo declarativo a las ayudas concretas, si existe el compromiso de las instituciones de aplicar los recursos de forma equitativa y responsable.

domingo, 20 de enero de 2008

El asesinato de un poeta

Control de Lectura 4: Reseña 3

Castells, Manuel, 2003, “2. La cultura de Internet”, en La galaxia Internet, Barcelona, Random House Mondadori, pp. 57-89. DeBolsillo.

En este ensayo de Manuel Castells (2003), nos asomamos a la llegada de las nuevas tribus del norte, como aquella invasión de bárbaros que destruyó Roma, la capital del imperio más poderoso de la antigüedad. Sólo que estas nuevas “tribus tecnológicas” no están destruyendo nada. Afanosas, están sentando los cimientos de la nueva economía mundial que es ya presente y futuro. Como toda tribu, ésta trae consigo una serie de creencias y valores que dan sentido a su manera de comportarse, es decir, tienen su propia cultura.

Según Castells la cultura de Internet se caracteriza por cuatro estratos superpuestos, a saber: “la cultura tecnomeritocrática, la cultura hacker, la cultura comunitaria virtual y la cultura emprendedora” (p. 58). La articulación entre estas cuatro formas de cultura permite entender mejor tanto los inicios como el desarrollo del sistema tecnológico y comunicacional dominante en la actualidad. Cuando el mundo salía de la guerra fría, ya un selecto grupo de jóvenes (en su gran mayoría) se aprestaba a establecer las bases del nuevo sistema tecnológico que daría como resultado la cultura de Internet.

Pero quiénes son y cómo se relacionan estos cuatro estratos de Internet. Veamos uno por uno.

En el inicio de esta cultura están las élites tecnocráticas. Estos adoradores de la tecnología creían fehacientemente en el desarrollo científico y tecnológico “como componente clave del progreso de la humanidad”, lo que los hacía insertarse en la tradición que nos llega desde la Ilustración y la modernidad. En esta cultura el mérito se mide “por el grado de contribución a un sistema tecnológico que proporciona un bien común a la comunidad de descubridores” (p. 60). Y este sistema tecnológico es precisamente la conexión informática en red, esencia de Internet.

El posicionamiento de un grupo no muy numeroso que venía de la tradición académica y de los centros de investigación de punta, serán llamados algún día los “padres” de esta nueva época que se inicia con la cultura de Internet.

Tras el primer grupo, vienen los hackers (tan desprestigiados en los medios, pues se les trata como a una banda de criminales), cuyo papel ha sido central y definitivo en la construcción de Internet: por una parte son los innovadores de la nueva tecnología gracias al trabajo cooperativo y a la libre comunicación, y por la otra, la cultura hacker ha sido fundamental para conectar los conocimientos de la tecnomeritocracia con los proyectos empresariales que han colocado a Internet como punta de lanza en la sociedad. Para Eric Raymond, icono de esta cultura, “existe una comunidad, una cultura compartida de programadores expertos y magos de las redes que se remonta algunas décadas hasta los primeros miniordenadores a tiempo compartido los primeros experimentos de ARPANET” (p. 63).

Parece increíble que en los inicios mismos de este sistema tecnológico hayan surgido espíritus que se convirtieron en campeones de la libertad, la innovación y el disfrute. Y esto tiene su origen en que seguramente sus padres o sus hermanos mayores hayan sido partícipes de los movimientos contraculturales que tuvieron lugar en los años sesenta y parte de los setenta, cuando el rock, por ejemplo, era la música de protesta generalizada de los jóvenes.

En el tercer lugar, está la cultura comunitaria virtual, la de los usuarios de las redes informáticas: fueron ellos quienes desarrollaron y difundieron las nuevas formas y usos de la red: mensajes, listas de correo, chat, juegos, etc. La tribu comunitaria virtual tenía y tiene como campo de encuentro y de batalla la propia red. Un buen ejemplo es el Instituto para la Comunicación Global, que creó las primeras redes ligadas a movimientos sociales y de minorías étnicas, como lo fue el caso del zapatismo. Sin embargo, una característica de estas comunidades virtuales es que son efímeras, cumplen un ciclo y se desdibujan. Pero queda siempre latente la posibilidad (“la conectividad autodirigida”) de crear nuevas redes y nuevas comunidades.

El cuarto estrato cultural es el de los emprendedores. Esta es una palabra central de la economía actual. Como dice Castells “no sería exagerado decir que Internet ha transformado el mundo de la empresa, tanto como este ha transformado Internet” (p. 81).

El caso emblemático de esta cultura son las empresas que crearon el Silicon Valley. Esta nueva manera de generar ideas, de convertirlas en proyectos y de ganar dinero se ha convertido en la palanca de la nueva economía. Para esta tribu “la innovación empresarial y no el capital, constituyen la fuerza motriz de la economía Internet” (Ib.). Y es asombroso que el propio Castells diga que esta es “una cultura en que la cantidad de dinero que se gana y la velocidad a la que se hace, constituyen el valor supremo” (p. 82).

Y los prototipos de esta nueva cultura son Carlos Slim y Bill Gates. Son emprendedores natos, cuyo poder reside precisamente en la cantidad y en la velocidad con que han logrado una cuantiosa fortuna en pocos años. Aquello que lograron grandes consorcios o industrias gigantescas durante generaciones, hoy se ha logrado en décadas por un cerrado grupo de emprendedores.

sábado, 19 de enero de 2008

Control de Lectura 4: Reseña 2

Orozco, Guillermo, 2003, “Desordenamientos educativos en el ecosistema comunicacional”, en Comunicación educativa en la sociedad de la información, Unidad Didáctica, Madrid, UNED, coordinador Roberto Aparici, pp. 97-110.

Los términos “sociedad de la información” o del “conocimiento” intentan explicar los cambios profundos de la época actual, y que tienen una serie de repercusiones en el ámbito de la educación. En este sentido Guillermo Orozco (2003) plantea que “estamos viviendo en una sociedad de la educación”.

El cambio fundamental reside en que hemos pasado de una sociedad con un sistema educativo a una “sociedad educativa”. Ya la escuela ha dejado de ser la institución por excelencia, pues hoy día la educación está en las relaciones sociales mismas. El aspecto central del proceso educativo reside ahora en el aprendizaje, o como dice Orozco, en la “posibilidad tecnológica de aprendizaje”.

El autor enfatiza el papel del aprendizaje ya que éste no está condicionado por la enseñanza. En términos generales, sabemos que los sujetos están en un proceso constante de aprendizaje, y que la enseñanza es una mediación que tiene lugar en la escuela, en cualquiera de sus modalidades.

Lo anterior viene a cambiar la óptica que se tiene sobre el proceso de enseñanza aprendizaje. Orozco señala que en la sociedad educativa “lo esencial no es lo que se puede enseñar, sino lo que se pueda aprender” (p. 99).

Este cambio en los paradigmas educativos trae consigo un cambio fundamental: se está transitando de un modelo centrado en la imitación, la repetición y la memorización propio de la escuela moderna, a modelos enfocados en la experimentación, el descubrimiento y la innovación, más orientados hacia una sociedad del conocimiento.

Es innegable el papel de la educación alfabética pues hizo una aportación significativa para que los procedimientos científicos y saberes se pudieran “objetivar” y ser escritos en libros para su difusión entre los lectores. En este sentido, el libro de texto viene a resumir la idea de la mediación lingüística de la escritura y la mediación mediática del libro. Allí está compendiado el conocimiento que debe ser memorizado, para poder hacer una larga cadena de nombres, fechas, lugares, etc. Su valor residirá en la capacidad memorística que le permita transitar a la elocuencia.

La escuela y las universidades son instituciones educativas “conformadas dentro de un sistema educativo letrado, y sobre todo ilustrado”. Esta educación tradicional hace tiempo que ha entrado en crisis, y han ocurrido una serie de “desordenamientos” en los tipos de aprendizaje.

Las ideas de los pedagogos de principios del siglo XX sobre la formación de “ciudadanos nacionales” que comparten una identidad idónea acorde con ciertos valores, han sido la base del llamado aprendizaje formal que cuenta con espacios y tiempos específicos (la escuela, las universidades, los ciclos escolares, los niveles educativos, etc.).

Una forma de desconcentrar la enseñanza de sus espacios e instituciones es por medio del aprendizaje no formal. El ámbito de lo no formal se sustenta en la posibilidad de un aprendizaje entre individuos y por medio de la complementariedad de instituciones, situaciones y procesos que tienen la capacidad de ofertar alternativas educativas. Este tipo de aprendizaje puede realizarse a través de diferente canales, medios y lenguajes, escritos, orales, audiovisuales, digitales y multimediáticos. Uno de los principales aportes de este aprendizaje es que da cabida “a diferentes racionalidades: cognoscitiva, emocional, sensorial”.

El aprendizaje de tipo informal es el que ha experimentado los cambios más importantes a partir de las posibilidades tecnológicas de los medios actuales. Este tipo de aprendizaje no requiere de ningún tipo de enseñanza, ni tampoco de intencionalidad por parte del que aprende. El individuo puede aprender el cualquier tiempo y espacio, en distintas fuentes y formatos, e incluso, sin la conciencia de que está aprendiendo algo.

Orozco señala que cada medio lleva implícito un cúmulo de posibilidades de “audiovisionar” representaciones y producciones que estimulan diferentes ámbitos del cerebro y los sentidos humanos. Estos estímulos hacen “explotar” la posibilidad de las percepciones sensoriales múltiples. Como dice Orozco: “el criterio parece ser algo así como «si lo veo, lo escucho, lo siento, existe y hasta lo creo»”.

Estos desordenamientos requieren de una nueva manera de entender la pedagogía en el llamado ecosistema comunicacional. Orozco habla de una “pedagogía de la representación” en tanto que el sujeto encuentra su ser y su estar como audiencia múltiple de medios y tecnologías de comunicación.
Y esta pedagogía debe facilitar a los sujetos-audiencia a desarrollar sus destrezas de “de-construcción”.

Para terminar el autor acepta la posibilidad de una refundación de lo educativo. Ya no habla de una alfabetización integral sino de diferentes alfabetizaciones “para poder comunicarse e interaccionar a lo largo y ancho de múltiples lenguajes sobre los que se da de hecho la actual circulación del conocimiento”.

Jodorowsky, sobre la poesía

Control de Lectura 4: Reseña 1

Castells, Manuel, 1999, “La cultura de la virtualidad real: la integración de la comunicación electrónica, el fin de la audiencia de masas y el desarrollo de las redes interactivas”, en La era de la información, México, Siglo XXI, Economía, sociedad y cultura, La sociedad red, vol. I, pp. 359-405.

A partir de la invención del alfabeto en la Grecia preclásica, Castells señala que esa tecnología conceptual fue la que permitió el florecimiento de la filosofía y la ciencia occidentales que, como tal, continúa hasta nuestros días. El lenguaje escrito permitió el surgimiento de “la mente alfabética” que fue un cambio sustancial en la comunicación humana. A la vez se dio un partimiento entre dos tipos de cultura: la escrita, y entre la cultura de los sonidos y las imágenes, que fue relegada al ámbito del arte.

Para Castells ésta última tomó su “revancha histórica” a lo largo del siglo XX, primero con el cine y la radio, y luego con la televisión, que hoy día integran un único sistema: la escritura, lo oral y lo audiovisual, una integración de las modalidades de la comunicación humana. A mediados de los noventa se inicia el surgimiento de un nuevo sistema de comunicación electrónico de carácter global, que integra a todos los medios de comunicación y que prefigura su “interactividad potencial”, como un rasgo exclusivo de este nuevo sistema. A partir de éste, está surgiendo un nuevo tipo de cultura que Castells llama “la cultura de la virtualidad”.

El surgimiento de una nueva galaxia de comunicación tuvo como base a la televisión. La radio, las películas, la prensa y los libros, fueron reestructurados bajo la tutela de la TV. Este sistema es llamado por Castells como un “medio de comunicación de masas”. La televisión marcó el fin de la galaxia Gutenberg, y representó una “ruptura histórica con la mente tipográfica”. Incluso el modelo de comunicación de exposición sistemática con el alfabeto, cambió a un modelo de conversación ocasional con el nuevo medio electrónico. Tocaba ahora a la TV la formulación de un lenguaje de la comunicación social.

Castells se refiere a la contradictoria concepción de la audiencia, que era vista por los intelectuales del cambio social, no como personas activas y participativas, sino como receptores pasivos sujetos de manipulación ideológica. El paso siguiente en la transformación y diferenciación de los medios de comunicación de masas, fue hacia una segmentación, personalización e individualización de las propias audiencias.

A partir de los años ochenta harían su aparición las nuevas tecnologías y, con ellas, su impacto en el mundo de los medios de comunicación. Ahora los diarios podían imprimirse a distancia, el walkman personalizaba la elección musical en un entorno portátil individualizado, la radio se reestructuró con emisoras temáticas, y los equipos de video se convirtieron en una alternativa a la programación televisiva. Recordemos la irrupción de los videoclubes que ofrecían y ofrecen una amplia variedad de películas en formato de video (Beta, VHS) que hoy se han sustituido con el nuevo disco de video digital. Además la gente pudo grabar sus propios videos familiares, relegando a un segundo plano los álbumes de fotos de familia.

Sin embargo, el paso fundamental de la multiplicación de los canales de televisión tuvo lugar con la llegada de la señal por cable y, después, vía satélite. Así florecieron canales independientes, por cable, y la mezcla de las programaciones de las cadenas de televisión. Tan sólo en los años 80 “el número de los canales de televisión por satélite en el mundo aumento de ninguno a 300”, y de los canales independientes (en EU) de 62 a 330 (p. 375). Y ello coincide con la aparición de los gigantes asiáticos (Sony, Yamaha, Panasonic, Samsung, Daewoo, etc.), para la producción de aparatos electrónicos (cámaras, videocaseteras, DVD, equipos de audio, etc.). En América Latina este boom hizo posible que buena parte de la población tuviera acceso a los aparatos televisores.

Esto marcó, según Youichi Ito, el paso de una sociedad de masas a una sociedad segmentada “como resultado de las nuevas tecnologías de la comunicación que se centraban en la información diversificada y especializada” (p. 372). Y fue la televisión la que encabezó esta descentralización, diversificación y personalización. De manera paradójica, la diferencia entre las programaciones de un canal a otro, de una cadena a otra, es que no hay mucha diferencia en su oferta. Pero como dice Castells el hecho de que “todo el mundo no vea la misma cosa en el mismo momento y que cada cultura y grupo social tenga una relación específica con el sistema de medios, constituye una diferencia fundamental frente al antiguo sistema de medios de comunicación estandarizados” (p. 374).

Castells abre un espacio para describir Internet, en los dos países que encabezaron su puesta en marcha: Francia, por medio de MINITEL, y Estados Unidos, a través de ARPANET. Ambas están basadas en el empaquetamiento de todo tipo de mensajes (sonidos, imágenes, datos) que podían ser enviados por medio de la red sin utilizar centros de control. La invención del lenguaje digital y el funcionamiento de la red crearon “las condiciones tecnológicas para la comunicación horizontal y global” (p. 384). A la par del desarrollo de Internet estaban las redes científicas, institucionales y personales, que tenían como fondo al Departamento de Defensa, la National Science Foundation y las principales universidades e institutos de investigación (UCLA, Harvard, MIT, Bell, Xerox, BBN, Rand, etc.). Parece increíble que un pequeño grupo de científicos fueran los pioneros que acabaron por cambiar el mundo. Castells los llama “las primeras tribus electrónicas”.
Según Castells las dos fuentes de la red (el sector militar/científico y la contracultura informática personal) tienen como base común el mundo universitario: “Este origen universitario ha sido y es decisivo para el desarrollo y la difusión de la comunicación electrónica por todo el mundo” (p. 388).

El advenimiento de la computadora no puede ser considerado, según Castells, como un medio general de comunicación. Si bien el ímpetu y la rapidez con el que se expande en el mundo son impresionantes, es también cierto que “excluirá durante largo tiempo a la gran mayoría de la humanidad”, a diferencia de la TV. Para algunos especialistas el uso de la computadora e Internet se reduce a un pequeño número de personas, el segmento culto y con poder adquisitivo, que realmente hace uso del potencial informático de estas nuevas tecnologías. Además su uso se hace básicamente en el trabajo o en situaciones relacionadas con él.

Para terminar, debo decir que este capítulo esta prácticamente inundado de información en la que todo es relevante. En ocasiones pareciera que estamos leyendo una novela de ciencia ficción, pues el autor va conjuntando una serie de elementos en los que nada es fortuito, y nos va mostrando el desarrollo de los procesos sociales y globales que han tenido lugar en las últimas tres décadas. Esta es una de esas lecturas que resultan apasionantes y que merece estudiarse completa. Ya decía Irma que esta era una de sus lectura favoritas, y creo que lo será de todo aquel que esté interesado en la temática que venimos tratando sobre las teorías de los medios de comunicación. No me queda más que celebrar el haberme encontrado con este autor y con esta obra.