martes, 29 de julio de 2008

Control de Lectura 6


Las violetas de casa


Reseña 1

Schiller, Herbert I., 1993, "5. Las corporaciones se apropian de la expresión pública", Guadalajara, UdeG, en: Cultura, $. A. La apropiación corporativa de la expresión pública. (pp. 123-150).

El título del capítulo 5 del libro de Schiller, resulta ilustrativo de la enajenación de los sitios y canales de la expresión pública y la creatividad por las grandes corporaciones. Los sitios van de los museos a las plazas públicas, de la calle a los hogares, y de canales como la radio y la televisión. Todos ellos, dice Schiller “son sitios de interés público… Si estos recursos vitales son apropiados para fines privados, la salud y la conciencia humana misma peligrarán” (p. 123).

El autor hace referencia a un libro de Hans Magnus Enzensberger (1962) quien hablaba ya en los años sesenta de la “industria elaboradora de la conciencia”. Decía Enzensberger que un reducto importante de la libertad del hombre se encuentra en su creatividad, y que ella constituye una fuente de resistencia y cambio social. Sin embargo recomendaba a los actores sociales que antes de ser excluidos o de autoexcluirse, era preferible “entrar al juego y correr los riesgos calculados”.

Las grandes corporaciones y sus capitanes han entrado de lleno en las industrias culturales para tomar el control de la expresión pública. Schiller expone el caso de dos los museos más afamados de los EU: el Metropolitano y el de Arte Moderno de Nueva York. Ambos han venido sirviendo desde los años ochentas como escaparates publicitarios de las empresas que patrocinan las exposiciones. Nuestro país no se ha quedado atrás. El museo mayor de las culturas prehispánicas, el Museo de Antropología, ha servido como pasarela para diversos festivales de la moda o para eventos corporativos, y lo mismo ha sucedido con otros edificios públicos. No se diga de los museos privados como el Soumaya (de Carlos Slim), el Amparo (de los sucesores de Espinoza Iglesias), el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), ligado a los poderosos intereses industriales de Nuevo León, cuyo lema en su sitio web dice: “El marco ideal para tus eventos”. Para estos mecenas, el arte y la creatividad son un negocio, la compra de obras de arte es “imagen” que reditúa beneficios económicos y omite el pago de impuestos.

Como se pregunta Schiller, qué pasa cuando un objeto arte es sacado de su contexto social e histórico, y va a dar a una vitrina de museo. Simplemente pierde significado, deja de existir una relación con el autor y con el entorno en el cual fue creado.

El llamado patrocinio corporativo es hoy día un elemento constitutivo de las bellas artes. Así podemos ver que empresas como Telmex, Televisa, Cemex, y otras, fijan sus logotipos en espectaculares, carteles y programas de mano de todo tipo de eventos, ligados o no con las bellas artes. Hay incluso patrocinadores oficiales para la selección mexicana, escuderías de fórmula 1, alpinistas que van al Everest, etcétera.
Este dominio de la expresión pública por parte de las corporaciones también tiene lugar en los centros comerciales, que son como el arquetipo del “paraíso comercial”. Como señala Jacoby “existe un equívoco generalizado en el sentido de que los centros comerciales son propiedad pública. Son un lugar de reunión colectiva, pero con propiedad privada” (p. 136).

Qué pensar cuando cada año se convoca desde la televisión a participar en eventos que pueden tener fines “nobles” como el Teletón, que no sólo le reditúa beneficios y preferencias a la empresa Televisa, sino que con el dinero recaudado crea hospitales y los asume como propios. Pero es cuestión de imagen corporativa, pues la “gente se beneficia de lo que parece ser un subsidio social de parte del sector privado… La atención del público se enfoca en la corporación como benefactor social” (p. 144).

Schiller se refiere al papel de la televisión como parte del control de las corporaciones sobre la expresión pública. Es el maridaje entre las grandes corporaciones de medios y el gobierno, al que se refiere el doctor Guillermo Orozco. En el caso de nuestro país, Televisa ha jugado el papel de vocero del gobierno en turno. Sólo basta con ver lo que pasó en la cámara de diputados el primero de septiembre, cuando se censuró a la presidenta en turno del poder legislativo. El secretario de Gobernación aludió a una falla técnica y despidió a un funcionario menor.

Vale la pena seguir en estos momentos los debates entre los grupos legislativos, los dueños de los medios, y algunos intelectuales y políticos, sobre la reforma a la ley federal de radio y televisión, desde la óptica de Schiller. Es decir, cabe preguntarse qué tanto van a influir las grandes corporaciones para una reforma a su modo, que continúe con la apropiación de los espacios y canales de la expresión pública, o bien, en tanto asuntos de interés público, los medios puedan dar cabida a expresiones y voces distintas de la sociedad, como las asociaciones de profesionales, los colectivos de arte, las instituciones educativas, las minorías étnicas, las organizaciones civiles y culturales, etcétera.

Reseña 2
Moraes, Dènis de, 2005, “Capítulo 2. Lógica de los medios en el sistema de poder mundial”, en: Cultura mediática y poder mundial, Bogotá, Grupo Editorial Norma, pp. 49-85.

El avance neoliberal, nos dice el autor, ha sido estructurado por las industrias de la información y el entretenimiento en el terreno de lo simbólico, que han tomado para sí la hegemonía en el ámbito de la circulación de las ideas y el control de los flujos de información a nivel mundial. Este proceso ha tenido y tiene sustento en el sector de las “infotelecomunicaciones” en donde asistimos a un proceso de concentración de medios, que permite que en cualquier lugar del planeta se difunda el mismo tipo de representaciones y mensajes. De Moraes los llama “agentes operacionales de la globalización”, desde el punto de vista de la enunciación discursiva (p. 59).

Lo anterior es la expresión de lo que Ignacio Ramonet llama en su libro Un mundo sin rumbo. Crisis de fin de siglo (1997) el “pensamiento único”, es decir, “La traducción en términos ideológicos de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en especial las del capital transnacional, aquellas empresas que están detrás de las grandes marcas, los principales grupos multimedia, los grandes fondos de inversión, etcétera”.
Uno de los fenómenos más visibles del capitalismo en su fase actual ­–de reproducción ampliada, la llama De Moraes– ha sido la convergencia de los sectores de medios, telecomunicaciones e informática, organizados en tres elementos esenciales: 1) la optimización de sus infraestructuras industriales, vía la fusión y alianzas de los conglomerados transnacionales; 2) La conexión entre los sistemas de transmisión en redes compartidas, y 3) la generación de contenidos digitales que alimenten los nuevos canales de distribución, con internet y la televisión a la cabeza.

El cuadro siguiente puede darnos una idea de la magnitud de estos cambios en el terreno económico, con sus derivaciones en la política, la ideología y la cultura.



Son estos conglomerados de medios que desempeñan también la función de “agentes económicos globales”. La apertura y la competencia por los mercados se ha fundado sobre la base de tres prescripciones: a) desregulación de normas de telecomunicaciones; b) diferenciación de tarifas conforme a los tipos de usuarios y servicios, y c) regulación mínima de los sectores privatizados (p. 56). Es el “dejar hacer, dejar pasar” del neoliberalismo, que permite el establecimiento de alianzas con las empresas y grupos de poder locales y regionales, a fin de poder intervenir y muchas veces imponer acuerdos ventajosos para sus intereses, frente a la pérdida de poder de los estados nacionales.

Para De Moraes “vivimos un cambio de paradigma comunicacional. Del modelo mediático evolucionamos hacia lo multimediático o multimedia, bajo el signo de la digitalización” (p. 59). El lenguaje binario ha favorecido la hibridación de la transmisión de datos, imágenes y sonidos, que es en el fondo la digitalización del conocimiento, cuya difusión por los nuevos canales y soportes “multiplican los flujos informativos, financieros, culturales y comerciales” (p. 60).

La reestructuración de las corporaciones a partir de un centro de inteligencia que tiene a su cargo la formulación de prioridades, directrices, planes y programas, han estado acordes con los parámetros de rentabilidad para las subsidiarias y filiales. Empresas gigantescas como Time Warner, Viacom, Sony, NBC-Universal, han adoptado modelos de administración basados en una red de fragmentos y nódulos que permitan al mismo tiempo la integración y la descentralización.

Esta organización de los grandes conglomerados de medios ha producido una segmentación de las audiencias, sin tomar en cuenta las enormes desigualdades sociales que tienen lugar entre el norte y el sur, y al interior de regiones como África y América Latina. Veamos un dato comparativo: “La facturación anual de las 220 mayores compañías equivale a la riqueza combinada del 80% de la población mundial” (p. 68). Y esta es una manera de repartir no la riqueza sino la pobreza.

En las economías menos desarrolladas los efectos de la introducción de tecnología en los procesos productivos y en el área de servicios, conlleva los despidos masivos y las reducciones de personal constantes. A lo que hay que sumar los bajos salarios, la extensión de la jornada laboral, la pérdida de derechos laborales, como producto de las “reformas necesarias” para “dinamizar el mercado”. Ello acentúa los desequilibrios estructurales y la desnacionalización de las áreas estratégicas de comunicación: Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, Colombia y México, las economías más desarrolladas de la región, son una muestra clara de eso.

La reforma de la ley de radio y televisión en México hizo intervenir, incluso, al Suprema Corte de la nación para dar marcha atrás a la nueva ley, por flagrantes violaciones constitucionales. Esta será una batalla en la que el conflicto entre los intereses de empresas como Televisa y TV Azteca, que a su vez representan a los consorcios transnacionales, con lo que Schiller llama los espacios y canales de expresión públicos.

Ante esta situación desventajosa, De Moraes propone revitalizar la sociedad civil y revalorizar la política “como ámbito de representación de deseos y de revitalizar los lazos comunitarios” (p. 79). Se requiere, para ello, el establecimiento de políticas públicas de comunicación mediante mecanismos de consulta democráticos para la regulación, la concesión y fiscalización. De Moraes retoma las cuatro medidas propuestas por García Canclini (2003) para salvaguardar las identidades culturales en Latinoamérica. Estas son:

  1. Los gobiernos deben preservar el patrimonio histórico tangible e intangible.
  2. Acciones articuladas que involucren a una sociedad civil más participativa.
  3. Políticas públicas que apoyen la producción y la creatividad cultural en la región.
  4. Protección jurídica de los productos nacionales y mecanismos de regulación de los intercambios de programaciones e imágenes. (p. 80).

Para de Moraes se requiere el establecimiento de redes, de sistemas organizacionales que permitan el trabajo en colaboración, y el establecimiento de objetivos y valores comunes, sin olvidar “las formas tradicionales de movilización colectiva”. No se trata de hacer a un lado las posibilidades organizativas y de articulación que permiten tecnologías como Internet, sino de valorar la importancia de las mediaciones sociales y los mecanismos clásicos de representación política.

Una manera de medir fuerzas con las empresas monopólicas de la televisión mexicana que pretenden la preservación de privilegios y la apropiación de recursos que pertenecen a la nación, será la discusión sobre la reforma a las leyes de radio y televisión. ¿Se formarán estas redes de las organizaciones civiles, profesionales y políticas, que permitan una reforma acorde con los intereses de expresión, educación y cultura de la población o se establecerán nuevas alianzas entre los grupos hegemónicos y políticos para mantener el estado de cosas? La respuesta está en el aire.

lunes, 24 de marzo de 2008

Liuba María Hevia y Carlos Varela

El video puede bajarse en el sitio que aparece en pantalla

viernes, 25 de enero de 2008

Control de Lectura 5

Crovi Druetta, Delia, 2005, "Educar en la era de las redes. Nuevos medios para enfrentar viejos desafíos", en: Educar en la era de las redes, México, UNAM-FCPyS, (pp. 61-81).

La autora señala que casi al término del siglo XX se dieron a conocer dos documentos por parte de la UNESCO relacionados con la educación: El primero, coordinado por Jacques Delors (La educación encierra un tesoro, 1996) expone los cuatro pilares de la educación del siglo XXI, a saber: aprender a conocer, a hacer, a convivir y a ser. El segundo documento es la “Declaración mundial sobre la educación superior en el siglo XXI: visión y marco de acción prioritaria para el cambio y el desarrollo de la educación superior” (1998).

Respecto del primero, Crovi nos dice que varios de los planteamientos ahí expresados, se reflejaron en los programas educativos de instituciones de América Latina y otros países del mundo.

El segundo documento hace mención de las transformaciones que ha traído consigo la convergencia tecnológica, y que ponen en el centro de los sistemas educativos, de producción, servicios y relaciones sociales, a las redes y los procesos de virtualización, como la base para arribar a la sociedad de la información y el conocimiento. Este proceso es promovido por diversas instituciones de carácter internacional (Banco Mundial, la OCDE, el BID, etc.) que establecen una serie de medidas que deberán implementarse en los países más atrasados, para recibir apoyos financieros de dichos organismos.

En términos generales el documento de la UNESCO señala cuatro ejes para la “nueva educación superior: pertinencia, calidad, administración, financiamiento y cooperación” (p. 65). Se trata, al menos esa es la intención manifiesta, de articular las necesidades de los países y regiones, el mejoramiento de sus instituciones, la cooperación entre éstas y la integración de diferentes sectores que garanticen una educación pertinente y de calidad.

A partir de estos cuatro ejes se despliegan una serie de temas que deben ser analizados a partir de la comunicación educativa. La autora propone cinco ejes que son: “1) La mediatización tecnológica, 2) cambios en los actores del proceso educativo, 3) integración de comunidades virtuales de enseñanza, 4) igualdad y equidad en el acceso, y 5) evaluación de la calidad educativa” (p. 65).

Delia Crovi explica que la influencia de las innovaciones tecnológicas puede analizarse desde dos vertientes: el enfoque crítico, que está haciendo una revisión del concepto de comunicación educativa y que ha hecho aportes fundamentales desde la región latinoamericana, y el enfoque instrumental, que considera que la tecnología es determinante en los procesos educativos, particularmente, en la era de las redes.

La educación apoyada en redes ha traído consigo una nueva visión del profesor. Éste deberá actualizarse y adaptarse al nuevo tipo de educación, pues ahora será evaluado según el manejo que haga de las redes, sus contenidos y la capacidad de enseñar en la virtualidad. Será también un profesor-investigador, actividades que anteriormente se concebían como separadas una de la otra, y apartadas de la realidad institucional y social.

En cuanto a los alumnos, vistos éstos como el centro del proceso de enseñanza aprendizaje, se les pide desenvolverse en una situación de autoaprendizaje y pagar el coste de sus estudios, que se inscribe en la lógica de la privatización de la educación. Como ejemplo podemos ver la explosión de universidades privadas (corporativas, empresariales, etc.) que se han asentado en México, en la última década. Pero también están ahí las universidades públicas que ofrecen una amplia gama de cursos en línea, casi al gusto del cliente, con el propósito de generar recursos.

Si bien la “Declaración mundial sobre educación superior en el siglo XXI” señala la necesidad de lograr un acceso igualitario y equitativo a los sistemas de redes, lo cierto es que los enormes rezagos que hay entre economías desarrolladas y atrasadas, entre países ricos y pobres, hace muy complicado el logro de esos propósitos.

Bruno Olivier (2000) ha puesto un ejemplo impactante: “En el plano internacional la desigualdad tecnológica aumenta cada vez más. Recordemos que mientras California gasta 400 millones de dólares remplazando los computadores de su sistema escolar, en todo el Tchad sólo existen nueve viejos PC. Cuando estos dos países hayan respectivamente doblado, triplicado o centuplicado su material, e incluso si los programas de cooperación centuplican el parque informático tchadiano, la diferencia entre ellos será cada vez mayor”.

La pregunta que podemos hacernos es si las intenciones pueden convertirse en realidades, si los países de las econocías centrales quieren pasar de lo declarativo a las ayudas concretas, si existe el compromiso de las instituciones de aplicar los recursos de forma equitativa y responsable.

domingo, 20 de enero de 2008

El asesinato de un poeta

Control de Lectura 4: Reseña 3

Castells, Manuel, 2003, “2. La cultura de Internet”, en La galaxia Internet, Barcelona, Random House Mondadori, pp. 57-89. DeBolsillo.

En este ensayo de Manuel Castells (2003), nos asomamos a la llegada de las nuevas tribus del norte, como aquella invasión de bárbaros que destruyó Roma, la capital del imperio más poderoso de la antigüedad. Sólo que estas nuevas “tribus tecnológicas” no están destruyendo nada. Afanosas, están sentando los cimientos de la nueva economía mundial que es ya presente y futuro. Como toda tribu, ésta trae consigo una serie de creencias y valores que dan sentido a su manera de comportarse, es decir, tienen su propia cultura.

Según Castells la cultura de Internet se caracteriza por cuatro estratos superpuestos, a saber: “la cultura tecnomeritocrática, la cultura hacker, la cultura comunitaria virtual y la cultura emprendedora” (p. 58). La articulación entre estas cuatro formas de cultura permite entender mejor tanto los inicios como el desarrollo del sistema tecnológico y comunicacional dominante en la actualidad. Cuando el mundo salía de la guerra fría, ya un selecto grupo de jóvenes (en su gran mayoría) se aprestaba a establecer las bases del nuevo sistema tecnológico que daría como resultado la cultura de Internet.

Pero quiénes son y cómo se relacionan estos cuatro estratos de Internet. Veamos uno por uno.

En el inicio de esta cultura están las élites tecnocráticas. Estos adoradores de la tecnología creían fehacientemente en el desarrollo científico y tecnológico “como componente clave del progreso de la humanidad”, lo que los hacía insertarse en la tradición que nos llega desde la Ilustración y la modernidad. En esta cultura el mérito se mide “por el grado de contribución a un sistema tecnológico que proporciona un bien común a la comunidad de descubridores” (p. 60). Y este sistema tecnológico es precisamente la conexión informática en red, esencia de Internet.

El posicionamiento de un grupo no muy numeroso que venía de la tradición académica y de los centros de investigación de punta, serán llamados algún día los “padres” de esta nueva época que se inicia con la cultura de Internet.

Tras el primer grupo, vienen los hackers (tan desprestigiados en los medios, pues se les trata como a una banda de criminales), cuyo papel ha sido central y definitivo en la construcción de Internet: por una parte son los innovadores de la nueva tecnología gracias al trabajo cooperativo y a la libre comunicación, y por la otra, la cultura hacker ha sido fundamental para conectar los conocimientos de la tecnomeritocracia con los proyectos empresariales que han colocado a Internet como punta de lanza en la sociedad. Para Eric Raymond, icono de esta cultura, “existe una comunidad, una cultura compartida de programadores expertos y magos de las redes que se remonta algunas décadas hasta los primeros miniordenadores a tiempo compartido los primeros experimentos de ARPANET” (p. 63).

Parece increíble que en los inicios mismos de este sistema tecnológico hayan surgido espíritus que se convirtieron en campeones de la libertad, la innovación y el disfrute. Y esto tiene su origen en que seguramente sus padres o sus hermanos mayores hayan sido partícipes de los movimientos contraculturales que tuvieron lugar en los años sesenta y parte de los setenta, cuando el rock, por ejemplo, era la música de protesta generalizada de los jóvenes.

En el tercer lugar, está la cultura comunitaria virtual, la de los usuarios de las redes informáticas: fueron ellos quienes desarrollaron y difundieron las nuevas formas y usos de la red: mensajes, listas de correo, chat, juegos, etc. La tribu comunitaria virtual tenía y tiene como campo de encuentro y de batalla la propia red. Un buen ejemplo es el Instituto para la Comunicación Global, que creó las primeras redes ligadas a movimientos sociales y de minorías étnicas, como lo fue el caso del zapatismo. Sin embargo, una característica de estas comunidades virtuales es que son efímeras, cumplen un ciclo y se desdibujan. Pero queda siempre latente la posibilidad (“la conectividad autodirigida”) de crear nuevas redes y nuevas comunidades.

El cuarto estrato cultural es el de los emprendedores. Esta es una palabra central de la economía actual. Como dice Castells “no sería exagerado decir que Internet ha transformado el mundo de la empresa, tanto como este ha transformado Internet” (p. 81).

El caso emblemático de esta cultura son las empresas que crearon el Silicon Valley. Esta nueva manera de generar ideas, de convertirlas en proyectos y de ganar dinero se ha convertido en la palanca de la nueva economía. Para esta tribu “la innovación empresarial y no el capital, constituyen la fuerza motriz de la economía Internet” (Ib.). Y es asombroso que el propio Castells diga que esta es “una cultura en que la cantidad de dinero que se gana y la velocidad a la que se hace, constituyen el valor supremo” (p. 82).

Y los prototipos de esta nueva cultura son Carlos Slim y Bill Gates. Son emprendedores natos, cuyo poder reside precisamente en la cantidad y en la velocidad con que han logrado una cuantiosa fortuna en pocos años. Aquello que lograron grandes consorcios o industrias gigantescas durante generaciones, hoy se ha logrado en décadas por un cerrado grupo de emprendedores.

sábado, 19 de enero de 2008

Control de Lectura 4: Reseña 2

Orozco, Guillermo, 2003, “Desordenamientos educativos en el ecosistema comunicacional”, en Comunicación educativa en la sociedad de la información, Unidad Didáctica, Madrid, UNED, coordinador Roberto Aparici, pp. 97-110.

Los términos “sociedad de la información” o del “conocimiento” intentan explicar los cambios profundos de la época actual, y que tienen una serie de repercusiones en el ámbito de la educación. En este sentido Guillermo Orozco (2003) plantea que “estamos viviendo en una sociedad de la educación”.

El cambio fundamental reside en que hemos pasado de una sociedad con un sistema educativo a una “sociedad educativa”. Ya la escuela ha dejado de ser la institución por excelencia, pues hoy día la educación está en las relaciones sociales mismas. El aspecto central del proceso educativo reside ahora en el aprendizaje, o como dice Orozco, en la “posibilidad tecnológica de aprendizaje”.

El autor enfatiza el papel del aprendizaje ya que éste no está condicionado por la enseñanza. En términos generales, sabemos que los sujetos están en un proceso constante de aprendizaje, y que la enseñanza es una mediación que tiene lugar en la escuela, en cualquiera de sus modalidades.

Lo anterior viene a cambiar la óptica que se tiene sobre el proceso de enseñanza aprendizaje. Orozco señala que en la sociedad educativa “lo esencial no es lo que se puede enseñar, sino lo que se pueda aprender” (p. 99).

Este cambio en los paradigmas educativos trae consigo un cambio fundamental: se está transitando de un modelo centrado en la imitación, la repetición y la memorización propio de la escuela moderna, a modelos enfocados en la experimentación, el descubrimiento y la innovación, más orientados hacia una sociedad del conocimiento.

Es innegable el papel de la educación alfabética pues hizo una aportación significativa para que los procedimientos científicos y saberes se pudieran “objetivar” y ser escritos en libros para su difusión entre los lectores. En este sentido, el libro de texto viene a resumir la idea de la mediación lingüística de la escritura y la mediación mediática del libro. Allí está compendiado el conocimiento que debe ser memorizado, para poder hacer una larga cadena de nombres, fechas, lugares, etc. Su valor residirá en la capacidad memorística que le permita transitar a la elocuencia.

La escuela y las universidades son instituciones educativas “conformadas dentro de un sistema educativo letrado, y sobre todo ilustrado”. Esta educación tradicional hace tiempo que ha entrado en crisis, y han ocurrido una serie de “desordenamientos” en los tipos de aprendizaje.

Las ideas de los pedagogos de principios del siglo XX sobre la formación de “ciudadanos nacionales” que comparten una identidad idónea acorde con ciertos valores, han sido la base del llamado aprendizaje formal que cuenta con espacios y tiempos específicos (la escuela, las universidades, los ciclos escolares, los niveles educativos, etc.).

Una forma de desconcentrar la enseñanza de sus espacios e instituciones es por medio del aprendizaje no formal. El ámbito de lo no formal se sustenta en la posibilidad de un aprendizaje entre individuos y por medio de la complementariedad de instituciones, situaciones y procesos que tienen la capacidad de ofertar alternativas educativas. Este tipo de aprendizaje puede realizarse a través de diferente canales, medios y lenguajes, escritos, orales, audiovisuales, digitales y multimediáticos. Uno de los principales aportes de este aprendizaje es que da cabida “a diferentes racionalidades: cognoscitiva, emocional, sensorial”.

El aprendizaje de tipo informal es el que ha experimentado los cambios más importantes a partir de las posibilidades tecnológicas de los medios actuales. Este tipo de aprendizaje no requiere de ningún tipo de enseñanza, ni tampoco de intencionalidad por parte del que aprende. El individuo puede aprender el cualquier tiempo y espacio, en distintas fuentes y formatos, e incluso, sin la conciencia de que está aprendiendo algo.

Orozco señala que cada medio lleva implícito un cúmulo de posibilidades de “audiovisionar” representaciones y producciones que estimulan diferentes ámbitos del cerebro y los sentidos humanos. Estos estímulos hacen “explotar” la posibilidad de las percepciones sensoriales múltiples. Como dice Orozco: “el criterio parece ser algo así como «si lo veo, lo escucho, lo siento, existe y hasta lo creo»”.

Estos desordenamientos requieren de una nueva manera de entender la pedagogía en el llamado ecosistema comunicacional. Orozco habla de una “pedagogía de la representación” en tanto que el sujeto encuentra su ser y su estar como audiencia múltiple de medios y tecnologías de comunicación.
Y esta pedagogía debe facilitar a los sujetos-audiencia a desarrollar sus destrezas de “de-construcción”.

Para terminar el autor acepta la posibilidad de una refundación de lo educativo. Ya no habla de una alfabetización integral sino de diferentes alfabetizaciones “para poder comunicarse e interaccionar a lo largo y ancho de múltiples lenguajes sobre los que se da de hecho la actual circulación del conocimiento”.

Jodorowsky, sobre la poesía